Cementerios, fantasmas y padres muertos

12 de septiembre de 2026 21:32 — cementerio, fantasmas, padres

He salido a dar un paseo con mi hija y hemos pasado por el cementerio de San Bonifacio. He decidido entrar. Lo he intentado en otras ocasiones pero mi mujer siempre había opuesto resistencia. Una vez me pidió (por que sabía que tarde o temprano iba a entrar) que no recogiese ningún objeto y lo trajese a casa. Es una costumbre que tengo, recoger cualquier cosa curiosa que encuentro por el suelo y traérmela a casa. Debería sacar fotos y ponerlas por aquí.

He puesto a mi hija el carrito delante de unas lápidas y he enviado la foto a un par de amigos: "preparándonos para halloween". Mi hija todavía no habla, pero está muy atenta a todo. No tengo ni idea de lo que ha debido pensar.

Yo he estado pensando en que acabamos de regresar de España y mi mujer está empeñada en que el fantasma de mi padre todavía está en casa. Pasé horas paseando por la casa a oscuras con mi hija en brazos para que se quedase dormida y no noté nada. Presté atención a los sitios donde solía esperarme mi padre cuando yo salía de fiesta hasta tarde (detrás de la puerta de la entrada y en el sofá del salón) pero no vi nada.

Mi padre fue la persona más correcta y que más actuaba según sus principios que he conocido en mi vida. Es cierto que a pesar de ser muy creyente, minutos antes de fallecer intentó levantarse de la camilla y huir del hospital con auténtico pánico en la cara. Finalmente falleció conmigo de la mano, mientras el resto de la familia cantaba canciones religiosas muy tétricas. No se enteraron de que ya se había marchado hasta un buen rato después, cuando se lo hice saber porque me di cuenta de que nadie estaba prestando atención. Todo esto para decir que no me imagino a mi padre siendo un fantasma de los que van tirando objetos para meter miedo.

En realidad el razonamiento de mi mujer no es que mi padre quiera estar en el mundo de los vivos, sino que mi madre no le deja ir al mundo de los muertos. Aunque hoy me ha dicho por teléfono que algún día nos reuniremos con él. Eso quiere decir que no está aquí.

En fin, yo no creo en estas cosas, pero estoy equivocado en casi todo. O al menos así me siento cuando hablo con las personas. Todas parecéis estar bien seguras de lo que creéis.

El caso es que no he encontrado ningún objeto que llevarme a casa. He pasado un buen rato observando (y grabando) a una especie de gusano gordo o babosa retorcerse sobre el asfalto. Debía de estar bien caliente y debía de estar sufriendo.

Para compensar el no llevarme nada he decidido pasar por el arco de esta tumba. De momento no siento que me haya poseído ningún espíritu o que me lo haya traído conmigo a casa. Lo que sí que ha pasado es que me he llenado la cara de telarañas. Cuando se lo he contado a mi mujer no le ha hecho nada de gracia. No voy a mentir; antes de hacerlo he dudado. Se me había olvidado hasta que me he encontrado las fotos en el teléfono y he decidido escribir esto, que hace tiempo que no escribo nada por aquí.

Hay lápidas que son bien chulas. Muchas tienen Jesucristos tallados. Siempre me ha resultado llamativo el hecho de que los cristianos representen a Cristo y las vírgenes (¿cuántas hay?) siempre que tengan posibilidad. En el colegio y la universidad (los lugares en los que me hicieron estudiar estas cosas) no nos pintaron a Jesús como un tipo vanidoso y sin embargo sus seguidores parecen obsesionados con representarle hasta en las tostadas y las humedades de las paredes.

¿Ha de ser uno bien importante para que le entierren en un panteón o mausoleo? ¿Cuál es la diferencia de precio? ¿Han de estar tallados en piedra o pueden ser de pladur? Tengo demasiadas preguntas. No estoy preparado para la muerte.

El caso es que hay tumbas, panteones, mausoleos, lápidas y todo tipo de palabras relacionadas bien chulas en este cementerio. Me ha hecho pensar que debería empezar a ahorrar para la mía. Lo más probable es que si decidimos que nos entierren juntos a mi y a mi mujer tengamos discusiones sobre esto. En realidad no me importaría si me echaran en el patio trasero para alimentar a un melocotonero, pero como no tenemos patio trasero, a lo mejor la convenzo para hacernos una piedra bien chula en la que unos chavales un poco macabros puedan sentarse a fumar porros y contar historias de miedo. Así nos sentiremos menos solos.

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