Ahora los hackers pueden robar vídeos de tus caries
Estos últimos meses he paseado mucho por el nuevo barrio. Una de mis cosas favoritas de este barrio es la cantidad de flyers que hay pegados en farolas y paredes. Suelo hacer foto a los que más me llaman la atención y siempre pienso en subirlas a algún lado.
Caminando el otro día con mi mujer me invadió un recuerdo al pasar por una esquina. La imagen de un cepillo de dientes eléctrico con cámara incorporada apareció en mi cerebro. Le pregunté si habíamos hablado recientemente sobre algo así. Dice que no. Y entonces me acuerdo, había un cartel pegado en una pared. Pero ya no estaba. Así que me puse a un lado de la acera, saqué el teléfono y busqué la foto.

De esa esquina tengo varias fotos. Siempre anuncios de calidad.
El caso es que hasta que encontré la foto y se la enseñé a mi mujer, transcurrió un tiempo en el que ella pensaba que lo que yo estaba diciendo no tenía ningún sentido y yo no podía confiar en mis recuerdos. Me pasa a menudo que cuento historias y a la vez que las cuento pienso en lo absurdas y difíciles de creer que son. Es parte del día a día de ser yo.
Buscamos el cepillo para ver que no fuese un anuncio de mentira (¿En serio creo que alguien haría algo así?) y vimos que en la web de Dyson está listado por unos $500. Bloqueé el teléfono y seguimos sorbiendo nuestros flat white de $8.
Me había olvidado de lo lejos que ha llegado el progreso humano hasta que lo he visto otra vez en el blog de fanta.